Parábola de los talentos


Parábola de los talentos



6. Porque así es como un hombre que al partirse lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. - Y dió al uno cinco talentos, y al otro dos, y al otro dió uno, a cada uno según su capacidad, y se partió luego. - El que había recibido los cinco talentos, se fué a negociar con ellos, y ganó otros cinco. - Asimismo el que había recibido dos, ganó otros dos. - Mas el que había recibido uno, fué y cavo en la tierra, y escondió allí el dinero de su Señor. -Después de largo tiempo, vino el Señor de aquellos siervos y los lamó a cuentas. - Y llegando el que había recibido los cinco talentos, presentó otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste, he aquí otros cinco he ganado de más. - Su Señor le lijo: Muy bien, siervo bueno y fiel; porque fuíste fiel en lo poco, te pondré sobre lo mucho: entra en el gozo de tu Señor. - Y se llegó también el que había recibido los dos talentos, y dijo: Señor, dos talentos me entregaste, aquí tienes otros dos que he ganado. - Su Señor le dijo: Bien está, siervo bueno y fiel; porque fuíste fiel sobre lo poco, te pondré sobre lo mucho; entra en el gozo de tu Señor. - Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, sé que eres un hombre de recta condición, siegas en donde no sembraste, y allegas en donde no esparcíste. - Y temiendo, me fuí, y escondí tu talento en tierra; he aquí tienes lo que es tuyo. - Y respondiendo su Señor, le dijo: Siervo malo y perezoso, sabías que siego en donde no siembro, y que allego en donde no he esparcido. - Pues debiste haber dado mi dinero a los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido ciertamente con usura lo que era mío. - Quitadle, pues, el talento, y dádselo al que tiene diez talentos. - Porque será dado a todo el que tuviere, y tendrá más: mas al que no tuviere, le será quitado aún lo que parece que tiene. Y al siervo inútil, echadlo en las tinieblas exteriores, allí será el llorar y el crugir de dientes. (San Mateo, cap. XXV, v. de 14 a 30.)







Extraído del libro “El evangelio según el espiritismo”
Allan Kardec

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