“En los
últimos días sobrevendrán tiempos difíciles”
El mundo contemporáneo vive una de sus fases más
amenazantes, confirmando, de esta forma, la palabra inspirada del enérgico
Apóstol de los Gentiles, en su carta a Timoteo. El clima seductor en que
se debate la humanidad confirma, de manera clara e insospechable
la aseveración de Pablo.
Nubes sombrías, preanunciadoras de violentos temporales,
desfilan en el espacio infinito. En los profundos océanos de la vida,
agitados torbellinos indican la subversión de los valores morales en que
se asientan la virtud y el bien, avasallados en cada instante, por el
impetuoso torbellino de las legiones del mal. Las pasiones humanas, la
discrepancia de las ideas y la impetuosa avalancha del egoísmo, tienden a
cambiar la fisonomía del planeta. Todas esas fuerzas derraman, en esta
fase de transición, las semillas de la desconfianza y del rencor, de
la ambición y de las venganzas seculares. Por todas partes exhálense
clamores hacia Lo Alto…
Por un lado, la oración sincera de aquellos que, en este
momento decisivo de la historia humana, recuerdan envueltos en sublimes
efluvios de esperanza y amor, los mensajes de paz traídos a la Tierra y
legados a los hombres por el admirable Pastor Galileo, Jesús, el Cristo
de Dios. Por el otro lado, la angustia de los que desconocen la Ley de
Causas y Efectos que rige, justa y sabiamente, los destinos de las
humanidades, la estructura moral, social y cultural de las civilizaciones.
El hombre contemporáneo, inaccesible en su inmensa
mayoría, a las Verdades Eternas, reposa quedamente su mirar entristecido
sobre los largos caminos de la vida, y ve solamente lo que le es permitido
a su limitado poder visual: el apagado espectáculo de sombríos paisajes.
Interroga, entretanto, al espacio inconmensurable… Pero guiño de
las estrellas no da respuesta a sus conjeturas e indagaciones atribuladas.
El lienzo inmaculado de la Vía Láctea, apuntillado de millones y millones
de astros, representa, todavía una antorcha de dulce y suave esperanza,
como si fuera el Mirar Divino envolviendo a la Tierra. En las noches de
plenilunio, cuando el alma de los seres y de las cosas vibra ante el
sublime convite a la meditación y a la oración fervorosa, el corazón de la
Humanidad se repleta de esperanzas.
En el escenario deslumbrante de la Naturaleza adormecida
y cubierta por los reflejos de la luna, siente el hombre, en lo más
profundo de su espíritu, la realidad grandiosa e incomparable, de la
Presencia Divina. El Universo, en silencio, es todo un poema de
exaltación al Creador. En la exuberancia magnífica de su Poder y Justicia,
Sabiduría y Amor, el Sublime Arquitecto hace sentir, a través de su
portentosa obra, el inagotable cariño por los que luchan y sufren,
trabajan y se perfeccionan en la forja de los avatares purificadores. La mente
humana, no obstante, esquiva como la propia Luna, vacila y se estremece
enfrente de las manchas que, de espacio en espacio, envuelve la superficie
terrestre, en alternativas de luz y de sombra.
El hombre moderno piensa y medita… Y, meditando y
pensando se enmaraña en el abismo de sus reflexiones filosóficas y
religiosas. Y en ese laberinto especulativo, en donde la ausencia del
Cristo generó dogmas y preconceptos, comienza inevitablemente el descreimiento
de todo, el desconfiar de todos.
En los resplandecientes tronos de la Espiritualidad, el
Maestro, todavía, ante el futuro, ora y trabaja. Su meta es la felicidad
humana. Aquí abajo, en la Tierra, religiones centenarias y milenarias,
adversas al proceso evolutivo de la Vida, en todas sus manifestaciones,
apresadas a perecibles dogmas de fe, responden sin duda, por esa
tendencia incrédula que se va infiltrando en la conciencia de los hombres,
especialmente de los hombres que estudian y meditan, analizan y observan.
La vieja teoría de creer de oído, está, evidentemente, fuera de las
reflexiones del hombre moderno.
Martins Peralva
“Extraído del libro “Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo”
“Extraído del libro “Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo”
2 Timoteo
3:1 Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles.
P- 24122025
REVISADO 2021
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