EL MOSTRUO QUE VINO A VERNOS *** Fueron apareciendo signos en los tiempos, alertas y tensos respondieron los cuerpos, y a su día señalado una voz de hondos roncares rompió los límites de la isla desde su adentros. Poco después muchas mentes se incendiaron abrasando memorias, recuerdos y haciendas. Desde entonces fue necesario cuidarse, nadie se fiaba de las jaurías invisibles, fantasmas informes de lobos, sigilosos danzantes como nieblas de difusas siluetas. "¡Hoy el aire es veneno, como ayer, no respires!" Se oía. Fue inevitable la fuga en tropel de los malos pensamientos, formaron nubes opacas los tristes sentimientos. Y tras jornadas inmensas de incomprensión y desaliento, volvió a hablar la ronca voz, esta vez con sonidos humanos. Y extrañamente, en total calma, se la oyó proclamar solemne sobre el estruendo, en toda dirección del círculo de los vientos: "Vine con la sorpresa en los brazos sin daros razones, ahora toca irme sin ofrecer explicaciones…" ...